Audi R8 V10

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Audi R8 V10

Mensaje por Domin el 14/4/2012, 21:31

Apenas hace una hora que he devuelto el Audi R8 V10 al concesionario. ¡Oh no!, se acabó disfrutar. Se acabó sentirse especial, diferente, guapo -¿ó no era por eso que me miraban en cada semáforo?-, y se acabó conducir un deportivo de más de 500 cv. ¡Qué le vamos hacer!, tendremos que quedarnos con los buenos momentos que hemos vivido durante esta prueba del R8 V10 al que se le ha dotado de un motor y de unas prestaciones que hacen olvidar aquella sensación de “falta algo” que se tenía cuando conducías el R8 con el motor V8 de 4.2 litros. Ahora, el R8 te da las sensaciones que esperas de un biplaza. Se puede enfrentar a la competencia sin miedo y, cuando de verdad le buscas todo lo que tiene, te demuestra que tiene mucho. Sigue siendo un coche relativamente “fácil” de conducir con el que se disfruta tanto si optas por una conducción relajada como si buscas sensaciones. Ahora si.

Si el R8 es, ya de por sí, un coche especial la unidad que hemos probado lo era aún más. “Nuestro” R8 montaba todos los extras posibles que la marca ofrece para este modelo que componen los productos de Audi Exclusive y que hacen que el precio de adquisición supere ligeramente los 200.000 €, aunque el precio “de salida” es de 173.430 € -cambio automático-, que está en línea con los de la competencia. Pero, ¿por qué hablar de dinero?. Sé que algunos de nuestros lectores pueden pensar que para qué probamos estos coche si la mayoría no podemos comprárnoslos. Pues porque, en mi opinión, forma parte de la vida. Si nos fijamos, a diario nos hacemos ilusiones, opinamos o disfrutamos con cosas que nunca tendremos o nunca haremos. ¿O es que no hemos opinado en alguna ocasión sobre el Ferrari de Alonso? (y nunca lo pilotaremos), ¿o de lo bien que juegan Messi o Ronaldo? (y jamás haremos lo que hacen ellos). ¿Y quién de nosotros no ha dejado volar la imaginación compartiendo una velada con la actriz o el actor que más nos guste? Creo que cualquiera de los ejemplos expuestos son inalcanzables para la gran mayoría y, sin embargo, soñamos con ellos a menudo. ¿Por qué no hacerlo con este tipo de coches?



















Habrá a quien le guste mucho y a quien no tanto pero, por un motivo u otro, lo cierto es que circulando con el R8 es difícil que no te miren. Su estética es espectacular y su interior el de un auténtico deportivo. Entrar en él no es tarea fácil pues, a pesar de que la apertura de las puertas es amplia, la posición de conducción está “a ras de suelo” y “meternos ahí abajo” nos costará un poco (no más que en otro deportivo de este estilo). Por el contrario, una vez instalados es francamente cómodo. El interior está muy cuidado ofreciendo calidad y exclusividad. El cuadro de mandos y el tablier parecen rodear al conductor con sus formas abultadas y elegantes que enlazan con la consola central en la que destaca la palanca del cambio de marchas automático -también con levas en el volante- y que es el “pecado” más grave que tiene el R8.

Como hemos comentado, disponíamos de todos los extras posibles en su interior (asientos baquet, piel bicolor, techo de Alcántara, costuras en color, pantalla TFT, navegador, cámara trasera y un largo etc.) que lo hacían todavía más atractivo y cómodo. Como es habitual en este tipo de coches, el espacio no sobra pero, sin embargo, no se tiene la sensación de estrechez. Si nos giramos hacia atrás podemos ver el fantástico V10 colocado a nuestras espaldas y el pequeñísimo espacio que queda entre la separación del propulsor y los asientos para dejar algún objeto. Exteriormente “nuestro” coche también se beneficiaba de algunos extras como el de las molduras de detrás de las puertas, las piezas que envuelven al propulsor o las carcasas de los retrovisores en fibra de carbono. El motor, que queda a la vista a través del cristal del capó trasero, forma parte de la estética del R8 y hace muy atractiva la zaga.


525 CV muy bien domados




Le hacía falta este aumento de prestaciones al Audi R8. El V10 con 525 cv a 8.000 rpm y con un par máximo de 530 Nm a 6.500 rpm, le dan un carácter fuerte de auténtico deportivo que anteriormente no tenía. Con este diez cilindros en V de 5.204 c.c., el R8 ofrece lo que de él se espera. Es atmosférico y con el par máximo allá por la 6.000 “y pico vueltas”, se podría pensar que es un coche que solo nos hará disfrutar a altas revoluciones. Error. Tiene potencia y respuesta a cualquier régimen y es un gusto conducirlo tanto si buscamos su lado “fuerte” como si lo hacemos con toda tranquilidad. Su chasis de aluminio “soporta” a la perfección los envites de los 525 cv en cualquier tipo de carretera o circuito. La electrónica, la tracción total, con un reparto del 85% en el eje trasero, y la suspensión Audi Magnetic Ride, que se endurecen de forma automática según las condiciones de conducción o del asfalto, hacen el resto. El R8 es un coche que te hace disfrutar porque es potente, rápido, estable y fácil. Durante los días que dispusimos de él lo probamos en todo tipo de vías y, sinceramente, nos pareció fantástico en cualquiera de ellas. En autopistas no tiene límites. Bueno sí, el de la velocidad de nuestro país. Es estable, relativamente cómodo y no excesivamente ruidoso. En zonas con curvas rápidas es una maravilla. Así de claro. Es tremendamente estable, con aplomo y con una dirección con buen tacto, directa y precisa. Da una sensación de seguridad extraordinaria y el motor tiene respuesta en cualquier momento.

Es un gusto rodar por este tipo de vías con él. Algo parecido ocurre cuando decidimos adentrarnos en carreteras de montaña. No es pequeño precisamente pero “se mueve” bien entre curvas. Es preciso en la entrada a los virajes, permite acelerar pronto sin que pida demasiada atención hacia el tren trasero (la tracción total y los controles se notan), tiene un paso por curva elevado y la frenada es fantástica (llevábamos los discos cerámicos). Sin duda sería para darle un sobresaliente en este terreno si no fuera por el cambio.

Éste es, sin duda, lo peor del Audi R8. Es lento (incluso activando la opción Sport) brusco y obliga a levantar el pie del acelerador para ayudarle a que entre la siguiente marcha. Una verdadera lástima. Dejando el funcionamiento del cambio de lado, el resto es excelente.


Un poco de circuito




Para poder “saltarnos las reglas de tráfico”, nos metimos en el Circuito Escuela de Fast, en Parc Motor, buscando los límites con seguridad. Si bien las dimensiones de la pista no son las indicadas para conseguir altas velocidades, sí lo son para ver cómo se comporta el R8 con los controles desconectados, suspensión dura y cambio en Sport. Incluso así, sigue siendo un coche noble. La tracción total -aún con el porcentaje tan elevado en el tren trasero-, se hace notar y exige anticipar un poco las acciones. Deberemos acelerar un poco antes de lo que nos pide el cuerpo para que el ligero subviraje inicial -muy ligero- pase a ser una reacción neutra o un, también ligero, sobreviraje cuando estemos el centro de la curva para poder acelerar con decisión y aprovechar toda la potencia, que es mucha. Desafortunadamente, el cambio vuelve a limitar las acciones. Las frenadas al límite en apoyo, los cambios de trayectorias rápidos y ser veloz en las curvas largas y redondeadas no son ningún problema para el R8, es más, son algunos de sus puntos fuertes.

Pudiendo acelerar sin miedo a una multa de tráfico, el motor se muestra lleno y fuerte y, cuando supera las 6.500 rpm, es cuando nos damos cuenta de que estamos conduciendo un auténtico deportivo con más de 500 CV. Es fenomenal. Y lo es porque pese a ser potente, la respuesta llega con suavidad, sin reacciones bruscas y permitiéndote disfrutar de todo su potencial.


Conclusión




Creemos que el Audi R8 goza de las ventajas que ofrece un coche con un chasis extraordinario en el que han combinado con acierto potencia, tracción y equilibrio. Con el V10 5.2 dispone de un motor que, aunque todavía no se “acaba” al bastidor, sí se muestra suficientemente potente como para no defraudar a los más atrevidos. Repetimos que es un coche que se conduce con facilidad, y no hace falta “ser piloto” para disfrutar de él. Pero atención los más atrevidos: no es un coche radical, no transmite tanta pasión al conducirlo como algunos de sus rivales. Es un deportivo de pura raza algo “domesticado” por un gran chasis y la electrónica.




fuente:coches.net

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